Un
importante avance en la tecnología del transporte del gas ocurrió en 1890,
con la invención de las uniones a prueba de filtraciones. Sin embargo, como
los materiales y técnicas de construcción permanecían difíciles de manejar,
no se podía llegar con gas natural más allá de 160 kilómetros de su fuente.
Por tal razón, la mayor parte del gas asociado se quemaba en antorchas y el
gas no asociado se dejaba en la tierra.
El transporte de gas por largas distancias se hizo practicable a fines de
la segunda década del siglo 20 por un mayor avance de la tecnología de cañerías.
En Estados Unidos entre 1927 y 1931 se construyeron más de 10 grandes sistemas
de transmisión de gas. Cada uno de estos sistemas se construyó con cañerías
de unos 51 centímetros de diámetro y en distancias de más de 320 kilómetros.
Después de la Segunda Guerra Mundial se construyeron más sistemas de mayores
longitudes y diámetros. Se hizo posible la construcción de cañerías de 142
centímetros de diámetro.
A principios de la séptima década del siglo veinte tuvo su origen en Rusia
la cañería de gas más larga. La red de Northern Lights, de 5470 kilómetros
de longitud, cruza los Montes Urales y unos 700 ríos y arroyos, uniendo Europa
Oriental con los campos de gas de Siberia del Oeste en el círculo Ártico.
Otra red de gas, más corta, pero de gran dificultad de ingeniería, es la que
se extiende desde Argelia, a través del Mar Mediterráneo hasta Sicilia. El
mar tiene más de 600 metros de profundidad en algunos tramos de la ruta.